miércoles, 25 de agosto de 2010

Los socialistas, obsesionados con Aguirre (deberían hacérselo mirar)

Los socialistas deberían hacerse ver su obsesión contra Aguirre, que por otra parte no hace sino confirmar sus aciertos. Cuanto más la atacan, más gente vota a Aguirre. Esta auténtica obsesión de los socialistas contra Aguirre se manifiesta en declaraciones como la realizada hoy mismo hasta por el Presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, que no sé qué pinta en todo este lío de las Primarias, tal vez haya visto la ocasión de avivar la llama que quema a Zapatero.

La obsesión de los socialistas contra Esperanza Aguirre no hace sino confirmar sus aciertos y reafirmar los principios del PP. Es triste que los socialistas no piensen en Madrid sino en clave de atacar a Aguirre, en vez de ofrecer una alternativa atractiva. Por eso, porque sólo contraponen ataques y críticas destructivas, los madrileños les castigan. Cuanto más atacan a Aguirre, más gente se suma a la mayoría que apoya a la Presidenta.

¿Que no les gusta Esperanza a los socialistas? Buena señal, lo malo sería que les gustara. Pero resulta que a los madrileños sí les gustam, comparten su estilo claro y sincero, valoran su la eficacia de su política y apoyan su proyecto de futuro. Y los socialistas llevan muy mal que cada vez más madrileños hagan uso de la democracia para mandarles al banquillo. ¿Por qué será?

Respecto a las Primarias, pienso que da igual quién gane de esta lucha cainita y sucia entre Trinidad Jiménez Zapatero y Tomás Gómez Zapatero: el PSM ya puede pasar a recoger su abono de oposición para la próxima Legislatura, lo renuevan cada cuatro años y cada vez con más méritos.

La que están liando, total, ¿para qué? Para perder una vez más, con peor resultado cada vez, es lo que hay, y lo saben.

1 comentario:

  1. No les gusta Esperanza Aguirre porque no entra en el juego socialista, que consiste en mentir, tratar de ofender, que el contrario se ofenda e intente defenderse ("Calumnia, que algo queda"). Esperanza Aguirre no entra al trapo porque entiende esa maniobra como un signo de debilidad y de tener poco que aportar. Los ciudadanos perciben esa diferencia y apoyan a quien está centrada en mejorar la vida de los madrileños.

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