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sábado, 7 de febrero de 2009

La cuesta de Zapatero (artículo publicado hoy en ABC)

Para consultarlo directamente en ABC: La cuesta de Zapatero
Después de las celebraciones navideñas, los españoles hemos tenido que afrontar la peor cuesta de enero que se recuerde, y acabamos enero en recesión con una caída de un 1,1% del PIB. Al mismo tiempo los españoles hacemos frente en 2009 al pago de recibos cada vez más caros, situaciones laborales cada vez más complicadas e impuestos cada vez más altos.

Pero no todos los españoles vivirán la crisis igual. A Zapatero, guarecido en La Moncloa, disfrutando de un incremento descomunal de los gastos de Palacio, no le faltará de nada. Tal vez por eso tardó un año en reconocer que había una crisis. Pero si Zapatero saliera de su palacio aunque fuera por un día y se acercara a un mercado a hacer la compra, a un banco a pagar el recibo de la luz, o simplemente a una oficina del INEM, se daría cuenta de la realidad diaria de millones de españoles, una realidad que su propaganda se esmera en ocultar.

Ya sabemos que los socialistas tienen la consigna de desvincular al Gobierno de toda responsabilidad ante la crisis, ahora ya técnicamente recesión. Pero los datos demuestran que en España ésta reviste una gravedad incomparablemente mayor que en el resto de países europeos. Buena prueba de ello es que España aporta a la zona euro la práctica totalidad de los nuevos parados europeos: 1.280.300 los aporta la España de Zapatero, el que iba a crear dos millones de empleos. Todos los países sufren la crisis económica en mayor o menor medida, pero España se distingue por una terrible crisis laboral. ¡Vaya aportación la nuestra! No es para estar orgullosos.

El de España fue el último gobierno del mundo en darse por aludido de esta crisis y ahora somos el primer país en sufrir sus consecuencias. Eso sí, Zapatero logró pasar la campaña electoral hablando de bonanzas idílicas, prometiendo dos millones de empleos e insultando a quienes alertábamos de la realidad ahora confirmada. Hoy lo que tenemos son más de tres millones doscientos mil parados, la cifra más alta de los últimos trece años, pero aquí nadie pide disculpas ni reconoce errores. La soberbia de la izquierda es proverbial y excluye toda autocrítica. La izquierda es infalible, nunca se equivoca.

Pero la realidad es que España ha acusado severamente la imprevisión del Gobierno socialista y la inestabilidad que ha creado en nuestro país. Las viejas fórmulas de gestión del socialismo -intervencionistas, inflacionistas e ineficaces-, producen idénticos resultados -paro, déficit, impuestos- , agravados ahora por la irresponsabilidad del peor presidente de la democracia, a tenor del balance que nos deja este mismo año. Los españoles nos merecemos un Gobierno que no nos arruine.

La improvisación que se desprende de los parches anti-crisis que ha ido poniendo el Gobierno en la rueda pinchada de nuestra Economía, no hace sino agravar la desconfianza y la incertidumbre hacia su recuperación. Una recuperación lastrada además por el monumental déficit que generan dichas medidas, inspiradas en un intervencionismo trasnochado y fracasado que ahora se pretende resucitar mientras se culpa de la crisis al libre mercado.

Esa izquierda que ahora ajusta cuentas con el liberalismo oculta que nunca ha habido un sistema que proporcionara tanta prosperidad y tantos derechos a tantas personas en toda la Historia como el liberalismo. El balance del socialismo ya sabemos cuál es, y no es para estar orgulloso ni para sacar pecho. Sobre todo porque es una falacia que la crisis haya sido provocada por el mercado: son los reguladores estatales los que han fallado, en un mercado por lo demás absolutamente intervenido. Son las reservas federales, los bancos nacionales y las agencias estatales las que no han cumplido su papel, las que han fracasado al asegurar la transparencia, la seguridad y las garantías que precisa el mercado. Sacar de esta crisis la conclusión de que ha fracasado el mercado y hay que volver al socialismo, es un increíble ejercicio de cinismo en el que trabaja intensamente una izquierda que aún no ha asumido el desplome de toda su arquitectura ideológica y económica.

Mientras Zapatero reparte una millonada a los bancos, nadie del Gobierno estará al lado del español que no pueda pagar la hipoteca cuando esos mismos bancos le embarguen su casa. La paradoja es que ese español habrá contribuido religiosamente con un millón de las antiguas pesetas con ese banco que le embarga. ¿Alguien entiende el sentido social de estas medidas? O simplemente, ¿alguien entiende su sentido?

Nos dirán que todo es culpa de Bush o incluso de Aznar. Nos dirán que es culpa del PP, que no arrima el hombro. Nos dirán eso de que nunca hubo tanta protección social, como si Zapatero hubiera inventado la Seguridad Social. Nos dirán que Zapatero va a repartir millones contra la crisis, como si ese dinero no saliera de los bolsillos de sus víctimas, las familias españolas. Nos dirán que Zapatero va a repartir a los municipios 8.000 millones, de los que a Madrid nos tocarían 1.000, como si se nos hubiera olvidado que Zapatero debe 9.000 a nuestra Comunidad y como si el dinero público fuera una dádiva de Zapatero. Nos dirán lo que sea. Pero por muy descarada que sea la propaganda socialista, la cuesta de enero va a ser más cuesta arriba que nunca.

Las economías domésticas españolas se enfrentan a un trimestre que no olvidarán en mucho tiempo. Y el responsable tiene nombre y apellidos. La cuesta de enero de este año durará más que nunca y merece recordarse como "La Cuesta de Zapatero", por méritos propios.